Valentina tiene 31 años, está de vacaciones en Punta del Este con los pies para arriba y un trago en la mano, y sube una foto del atardecer con el texto «Esto es vida». Lo que nadie sabe es que la semana anterior tuvo que endeudarse con la tarjeta para llegar a fin de mes. En este episodio cuento su historia, que es la de mucha gente que gana bien y no llega, y le pongo nombre a lo que le pasa. Es para quien se reconoce en ella o conoce a alguien así.
Antes de empezar, agradezco a las 260 personas que me acompañaron el sábado pasado en la Experiencia Neurona Financiera, un evento para quienes pasaron por mis programas o por la membresía. Y a quien me regaló una estatuita mía en impresión 3D, que ahora decora el fondo del podcast.
Ideas clave
- El caso de Valentina. Es contadora, trabaja en una empresa internacional y gana mejor que la mayoría de sus compañeros de generación. Una noche, con su pareja, hacen cuentas para comprar una casa. En el Cordón, una propiedad de uno o dos dormitorios ronda entre 120.000 y 135.000, y juntar la entrega les llevaría años. Después piensa en tener hijos, sabe que también es caro, y siente que el futuro que tenía proyectado es imposible.
- De ahí al gasto compulsivo. Al perder la perspectiva de futuro, Valentina deja de decir que no a nada: «dale, voy», y después ve cómo paga. Cuando dejamos de tener un propósito, tendemos al placer inmediato. Se llama doom spending: un gasto compulsivo para premiarnos frente a un futuro que parece inalcanzable.
- HENRY. Un artículo de 2003 en la revista Fortune acuñó la sigla High Earners, Not Rich Yet: personas que ganan más que el promedio pero no logran acumular patrimonio, a veces porque el costo de vida donde viven es alto. No me gusta llamarlo «nueva pobreza».
- No es pobreza, es fragilidad financiera. Es el concepto de Ana María Lusardi, a quien admiro mucho como una de las voces académicas más importantes en finanzas personales: nuestra capacidad de aguantar un imprevisto. La fragilidad se da tanto en hogares de bajos como de altos recursos. Si a Valentina se le rompe el auto y no tiene fondo de emergencia, termina sacando un préstamo de consumo en pocas cuotas.
Para llevar a la práctica
- Ponerle nombre a lo que pasa: darme cuenta de que no ahorro porque tengo una visión negativa de mi futuro. Entender los motivadores es lo primero.
- Armar un fondo de emergencia de entre tres y seis meses de gastos, en lugar de apuntar de entrada a la entrega del apartamento. Estamos en la base de la pirámide de Maslow, en seguridad: el foco es la tranquilidad.
- Antes de cada gasto, preguntarme si es de disfrute real o de evasión. A veces hace falta terapia para verlo. Si gasto para evadir la realidad, voy a necesitar otro gasto para evadirla de nuevo.
- Redefinir el concepto de éxito. Capaz que casa e hijos salieron de la ecuación, pero ¿cómo sería vivir la vida que realmente quiero? Armar un plan que incluya ganar más, gastar menos, o ambas cosas, para sentir que tengo control y no soy víctima de las circunstancias.
La próxima vez que veas una foto de Instagram de alguien disfrutando, preguntate si cumple sus objetivos o si se está autoconvenciendo. Y si conocés a una Valentina, mandale el episodio. Si querés escuchar la historia completa, te invito a ver el episodio.