En este episodio hablo de una habilidad que se está perdiendo y que, para mí, es de las más poderosas que tenemos para mejorar nuestras finanzas: leer. Lo hago a partir de un estudio sobre hábitos de lectura en Uruguay y de lo que pasa cuando dejamos de leer. Es para vos si hace tiempo que no terminás un libro y querés recuperar el hábito, o si te preocupa cómo están creciendo tus hijos frente a las pantallas.
Ideas clave
- Los números de Uruguay no son lindos. Un estudio de las empresas Nómada, contratado por la distribuidora de libros Gussi, dice que el 47,6% de los uruguayos mayores de edad no leyó ni un libro en 2025. De los que sí leyeron, el 57,3% leyó entre uno y tres, y solo el 10,8% leyó más de diez. Hecha la cuenta, apenas el 5,7% de los mayores de edad leyó más de diez libros en el año.
- No es falta de tiempo, es adónde va el tiempo. El promedio mundial frente a una pantalla supera las seis horas diarias. Sustituimos los libros por el scroll infinito. El celular siempre está en el bolsillo, genera dopamina y casi no pide esfuerzo. El libro tiene más fricción. Además, muchas veces la lectura nos la inculcaron como obligación, y cuanto menos leemos, más nos cuesta leer.
- Leer te da modelos mentales, y con ellos decidís mejor. La calidad de nuestras decisiones financieras, personales y de relaciones depende de los modelos mentales que tenemos, y la mejor forma de incorporarlos es leyendo. Si no elegís qué leer, es un algoritmo el que elige qué información te llega, y eso deja espacio para que cualquier gurú de redes te explique cómo funciona el mundo.
- El conocimiento se acumula como el interés compuesto. Cada libro te deja una base sobre la que leer el siguiente, y hasta releer un libro años después es una experiencia distinta. Cuento cómo Charlie Munger decía que nunca conoció a alguien sabio que no leyera todo el tiempo, y la anécdota de Warren Buffett mostrando una pila de unas 500 páginas que tiene que leer cada día. También menciono el libro Rich Habits, que encontró que las personas que juntaron un patrimonio grande tenían en común que leían. Aclaro que puede ser causalidad y no correlación, porque quien tiene más plata tiene más tiempo para leer.
- Los libros de ficción también suman. Enseñan modelos mentales y hay estudios que dicen que ayudan a desarrollar la empatía. Lo importante es leer, no qué.
Para llevar a la práctica
- Hacé el hábito fácil. Siguiendo a James Clear en Hábitos Atómicos, la clave es eliminar fricción: un libro en la mochila, en la mesa de luz, en la mesita del living. A mí el Kindle me cambió la ecuación, porque me entra en el bolsillo y en los ratos de espera lo saco en vez del teléfono. Los audiolibros también son una opción válida, aunque a mí me gusta más leer.
- Empezá chico y anclalo a otro hábito. Diez páginas por día son unas 3.650 al año, más o menos doce libros, y eso ya te pone dentro del 5% que más lee en Uruguay. Yo lo tengo anclado a la rutina de la noche: lavarme los dientes, ir a la cama, leer. Si un libro no te gusta después de 40 o 50 páginas, dejalo, para no perder el hábito que estás construyendo.
- Que el libro le gane al celular. Sacá el teléfono del cuarto, leé antes de dormir, o bloqueá las redes durante gran parte del día, como hago yo. Con el teléfono aburrido, termino agarrando el libro.
- Si tenés hijos, empezá por el ejemplo. Ellos hacen lo que nos ven hacer, no lo que les decimos. Leeles desde chicos, sobre todo un cuento antes de dormir. En casa les regalamos un Kindle a los 8 y 9 años, en su versión para chicos, en la que los padres compran y envían los libros. Cuento también por qué creo que darles un celular muy temprano los acostumbra a un estímulo que el libro nunca va a igualar, con la comparación entre un Snickers y una manzana.
Si algo quiero que te lleves de este episodio es que cualquier cosa material se puede perder, pero el conocimiento que ganás leyendo te acompaña para siempre. Escuchá el episodio completo para ver las anécdotas, la historia del libro que mejoró mi relación con un amigo y todas las recomendaciones para empezar.