La ruptura de pareja y las finanzas personales

La ruptura de pareja y las finanzas personales

In Conceptos Básicos
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Hace tiempo que ando con este tema en la cabeza y que tengo ganas de escribir al respecto, sin embargo me resulta sumamente complejo hacerlo, pues es un problema que no tiene una solución sencilla a simple vista. Estoy hablando de la implicancia de una ruptura de pareja en nuestra vida financiera.

Empecemos por el principio. Yo creo que el ser humano está construido para que en algún momento de su vida construya una pareja y arme una familia. Podemos buscarle una explicación biológica, cómo la supervivencia de la especie o una psicológica cómo que somos seres sociales, pero el hecho es que que irnos del nido materno y formar nuestra familia es algo que está en nuestra naturaleza.

Al amor, ese gran motor de la humanidad, es el que nos alcanza cuando encontramos una pareja para construir un camino juntos.

En términos financieros el hecho de casarse o vivir en pareja usualmente es beneficioso, en especial si ambos miembros de la relación tienen un sustento propio. Es matemática pura. Si yo pago 10 de alquiler y vos pagás 10 de alquiler, nos quedamos con un alquiler solo y nos ahorramos 10, lo mismo con las tarifas fijas de los servicios, la comida, etc.

Por suerte, cuando decidimos vivir en pareja no es lo económico lo que nos motiva (en casi todos los casos, supongo habrá de los otros) sino que son las ganas de comenzar a compartir la vida con esa persona que amamos.

Hay casos dónde lamentablemente el amor se acaba y la pareja se desvincula teniendo así que dividir los bienes, separar en dos todo nuestro patrimonio.

Primero que nada, es exactamente lo mismo estar casado ante la ley uruguaya que no estarlo a lo que la división de bienes se refiere, ya que después de 5 años de convivencia, por la reciente ley de concubinato se corresponden los mismos derechos. Así que si estás viviendo en pareja hace más de 5 años, felicitaciones, es como si estuvieras casado ante la ley.

Conozco pocas rupturas que hayan sido “por las buenas”. Si conozco algunas que han sido de común acuerdo, pero cuando llega la hora de dividir las cosas, se quieren sacar los ojos. Cómo que en ese momento entran a jugar los rencores, las culpas o simplemente terceros que se meten y desde una óptica externa meten leña al fuego… y convengamos que en una circunstancia así es muy fácil avivar la hoguera.

Usualmente los mecanismos son la búsqueda de un acuerdo con o sin abogados en el medio y si eso no da buenos resultados se puede terminar en un juzgado que en última instancia decida el remate judicial de los bienes y defina un mecanismo de reparto.

Los bienes que la pareja adquirió durante el matrimonio les pertenecen a ambos sin importar quién haya sido el que haya generado el dinero para comprarlo, quizás esa sea una de las razones por las cuales en la separación de bienes se pudre todo. Quedan exentos aquellos bienes que vienen de antes del matrimonio y los bienes que se compran con dinero heredado. Estos últimos siempre y cuando se declare explícitamente antes de hacer la compra por medio de un escribano.
Para poner un ejemplo, supongamos que Juan tiene un fitito y se casa con María. El día de mañana Juan vende el fitito y se compra un Fiat Uno, en ese caso el fitito era de Juan, el Fiat Uno es de María y Juan. Si juan y María se divorcian deben repartir el Fiat Uno, por más que el 80% provenga del fitito que era de Juan.

En caso de que la pareja tenga hijos es mucho más complejo y entran en juego otros factores. Ahí debería de primar siempre la seguridad psicológica de los niños y buscar arreglar las cosas de lo más pacíficamente posible. Los niños ante todo.

Hay una solución “sencilla” a esto que es hacer una separación de bienes. La misma es un contrato que firman posterior al matrimonio dónde dejan declarado ante la ley que no compartirán la titularidad de los bienes mutuos a menos que indiquen lo contrario.
Se puede hacer previo el matrimonio y es más barato, ahí se llama capitulaciones matrimoniales.

El tema es que en el momento que uno se va a casar se supone que está pensando en que vivirá toda su vida al lado de esa persona. Nadie piensa en que se casará y que mañana se podrá divorciar, porque si pasa eso no te casas y listo. Entonces es muy poco romántico decir: “Te querés casar conmigo, firmá acá” Muchas veces simplemente ni se nos pasa por la cabeza hacerlo.
Esta es una situación dónde el corazón nos dice algo y nubla cualquier cosa que nos pueda decir la cabeza.

Yo creo que en algunos casos separar los bienes puede ser inclusive algo que garantice el amor y garantice que la relación no se mantiene basada en intereses financieros de algunas de sus partes. Con esto me refiero a parejas que siguen juntas por un tema de comodidad más que por un tema de amor, siendo al final poco felices.

En resumen, lo mejor es encontrar una pareja para toda la vida, pero si eso no se puede asegurar, pensar en separar los bienes es algo que, dependiendo de cada realidad, puede ayudarnos el día de mañana ante una ruptura y también puede ayudar que que tengamos una relación emocionalmente sana.

Les recomiendo que hablen con sus parejas desde esa óptica y pongan el tema arriba de la mesa para ver que surge.